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  • Sergio

El mejor de los hechizos de Harry: la multiculturalidad. Alegoría contra el racismo en Harry Potter

Actualizado: 18 oct 2020


J.K.Rowling, creadora de 'Harry Potter', ha logrado la indiscutible tarea de armar un fuerte vínculo entre Voldemort y todos los personajes malvados con la creencia en la superioridad de sangre, al mismo tiempo que los personajes bondadosos denuncian explícitamente los prejuicios contra los mestizos y se comportan en consecuencia a sus ideales. El tratamiento que la autora elabora sobre la mezcla de razas y la pureza de sangre parece estar ejecutado a consciencia en las novelas. No sólo la saga de 'Harry Potter' detalla pasajes enraizados con precisión sobre la historia de nuestro mundo real, sino que los propios lectores pueden conjurar el mejor de los hechizos de Harry: la multiculturalidad, o dicho de otro modo, extraer como enseñanza moral el daño extremo que este tipo de racismo puede acarrear en la sociedad.


Debido a los recientes cambios sociales presentes en nuestros días, parece inevitable que suja un nuevo término que designe tanto a la relación existente entre diferentes culturas como a la diversidad y el mestizaje entre individuos: el multiculturalismo. Las escuelas infantiles, centros de enseñanza secundaria y universidades se han visto enriquecidas por lo llegada de alumnos de otras culturas en busca de una oportunidad mejor, ya sea o bien estudiantil y laboral. Esta presencia masiva del otro, del extranjero, con nuevas religiones y culturas poco conocidas enriquece el panorama de nuestras sociedades, aunque, tal vez, la mirada de nuestros niños y jóvenes no haga más que ser enturbiada por mensajes xenófobos.


Desde este punto de vista, la saga de 'Harry Potter' puede ser un medio de bastante utilidad a la hora de dar a conocer estas personas de diferentes países y razas a los niños, con las que deben familiarizarse y convivir en total igualdad de condiciones. puede hacerles comprender la igualdad y sus implicaciones, la tolerancia y los derechos individuales para que, de este modo, sepan cómo convivir en un mundo multicultural. Puede mostrarle ejemplos significativos, atender al comportamiento de los personajes cuando deben convivir con personas de distinta etnia, despertar sus propias inquietudes y, quizás, hasta juzgar por ellos mismos los comportamientos poco éticos y discriminatorios. En la saga de Rowling encontramos claros ejemplos de estigmatizaciones sociales, y cabe destacar, a nivel de curiosidad, que sus libros presentan paralelismos argumentales con elementos históricos del nazismo. La propia autora afirma en una entrevista para un medio inglés, su interés en que Harry, al salir de nuestro mundo “hallara exactamente los mismos problemas en el mundo mágico”. Para ello el joven mago va a toparse con una jerarquía impuesta, una “intolerancia ante la noción de no pureza, que es una gran falacia, pero surge en todo el mundo”.



La raza es un término tan propio de nuestro mundo como lo es la magia en la de Harry Potter. Al comienzo de la historia, en Harry Potter y la Piedra Filosofal, el joven aprendiz de mago observa que, sorprendentemente, el linaje mágico al que uno pertenece tiene una importancia capital para una buena parte de los habitantes de este nuevo mundo al que acaba de acceder y que aún no termina de comprender. Mientras consigue el material escolar requerido para las clases del colegio Hogwarts, Harry se topa con un joven muchacho de rostro pálido que reacciona de una manera un tanto especial cuando se percata de la presencia de Hagrid, el semigigante que aguarda junto a Harry:


—¿Por qué está aquí contigo? ¿Dónde están tus padres?

—Están muertos —respondió en pocas palabras. No tenía ganas de hablar de ese tema con él.

—Oh, lo siento —dijo el otro, aunque no pareció que le importara—. Pero eran de nuestra clase, ¿no?

—Eran un mago y una bruja, si es eso a lo que te refieres

—Realmente creo que no deberían dejar entrar a los otros ¿no te parece? No son como nosotros, no los educaron para conocer nuestras costumbres. Algunos nunca habían oído hablar de Hogwarts hasta que recibieron la carta, ya te imaginarás. Yo creo que debería quedar todo en las familias de antiguos magos.


Como puede apreciarse, este muchacho, que más adelante conoceremos como Draco Malfoy, parece estar particularmente interesado en la genealogía familiar de Harry. El joven rubio pregunta si sus padres son “[their] kind” (60), es decir, si al igual que ellos también eran magos. Lo más curioso es, sin embargo, es la forma tan particular con la que Draco se refiere a los demás como “the other” (60). Refiriéndose a ellos con ese término parece si los objetivase y marginase, definiéndolos por sus diferencias y carencias respecto a los que sí tienen estirpe mágica. Draco Malfoy manifiesta de manera clara su desprecio hacia los que no son de su clase, pero lo corrobora aún más al mostrarse en desacuerdo con que accedan a Hogwarts de igual manera que ellos. Para Draco, y eso que tan sólo tiene once años de edad, las familias de magos más antiguas, aquellas que se han criado en las costumbres del mundo mágico son las únicas con derecho a acudir a la enseñanza mágica que Hogwarts pudiera proporcionarles. En ese mismo dialogo que mantiene con Harry, desprecia a Hagrid no solo por su condición de semigigante, sino también por su puesto de trabajo y torpeza. Le considera una raza inferior a la suya.



A medida que la novela avanza, vemos cómo el racismo tiñe paulatinamente las páginas, pero no será, sin embargo, hasta los sucesivos volúmenes de la saga cuando la diferenciación racial adquiere una mayor importancia temática. Como hemos visto hasta el momento, el personaje de Draco Malfoy considera inferior a este tipo de magos, y esta actitud pronto condiciona los comportamientos que Harry va a tener con él, y del mismo modo y de forma directa el lector de la novela. En el segundo volumen, las tensiones entre Harry Potter y Draco Malfoy aumentan de forma considerable, y casi siempre por diferentes opiniones sobre la supremacía racial. En una de estas constantes disputas Harry sale en defensa de su amiga Hermione Granger, cuyos padres son ambos muggles en el mundo corriente. En esta trifulca, Draco introduce en lector un nuevo término, el peor insulto que un mago o bruja en el mundo de Rowling puede recibir: sangre sucia.


Con la finalidad de señalar a los no poseedores de sangre pura – es decir, que algún progenitor no tiene ascendencia mágica, los personajes usan el concepto de Mudblood (sangre sucia), un término absolutamente despectivo y considerado como una grave ofensa para su destinatario. En palabras del propio Ron Weasley, amigo íntimo de Potter: “es una palabra muy desagradable de oír; es como decir sangre podrida o sangre vulgar”. Sin embargo, la estigmatización va aún mucho más allá. Aquellos magos que sí alcanzan el status de sangre limpia, como el propio caso de la familia Weasley o la familia Black, pero que son simpatizantes o mantienen algún tipo de relación o contacto con Mudbloods, se les considera traidores a la sangre y sujetos por tanto, a una persecución similar por parte de todos aquellos que no los consideran como iguales. La tendencia de algunos personajes para poder hacer una prima de sangre pura (es decir, sobre la cría pura) y tratar a los mestizos y los muggles como ciudadanos de segunda clase es un obvio paralelo a la historia de nuestra propia sociedad de la opresión de los negros y la obsesión por el sexo interracial y el matrimonio. Una serie de personajes, además de Draco Malfoy y su padre, Lucius Malfoy, abrazan y abiertamente, sin pudor alguno, la superioridad de sangre pura, como la madre de Sirius Black, padrino de Harry Potter:


— ¡Cerdos! ¡Canallas! ¡Subproductos de la inmundicia y de la cochambre! ¡Mestizos, mutantes, monstruos, fuera de esta casa! ¿Cómo os atrevéis a contaminar la casa de mis padres? Tonks seguía disculpándose por su torpeza mientras levantaba la enorme y pesada pierna de trol del suelo; la señora Weasley desistió de su intento de cerrar las cortinas y echó a correr por el vestíbulo, haciéndoles hechizos aturdidores a los otros retratos con su varita; y un hombre de largo cabello negro salió disparado por una puerta que Harry tenía enfrente.

— ¡Cállate, vieja arpía! ¡Cállate! —bramó, y agarró la cortina que la señora Weasley acababa de soltar. La anciana palideció de golpe.

— ¡Tú! —rugió, mirando con los ojos como platos a aquel hombre—. ¡Traidor, engendro, vergüenza de mi estirpe!



Estos comentarios racistas aclaran una serie de ideas básicas sobre lo que, al menos, algunas familias de sangre pura opinan sobre los mestizos: primero de todo, que son infrahumanos e indeseables. Son inmediatamente deshumanizados, al igual que sucedía con los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Los simpatizantes de la superioridad de sangre mágica tratan de sustraer la voluntad humana y la vida social, ambos derechos y condiciones que nos hacen seres humanos. Esta dominación esclaviza a los mudbloods y los exenta de poseer una capacidad autónoma, nivelándolos casi a una escala inferior a la de un animal, como un objeto. La misma presencia de un mudblood pone en peligro la pureza al igual que el prestigio de los que se encuentran en su entorno más próximo. Por lo tanto, entendemos el disgusto de la señora Black al ver cómo su hijo Sirius se hace amigo e invita a miembros de la Orden del Fénix a su casa, contaminando (según sus ideales) no solamente la noble y señorial casa de los Black, sino también a él mismo.


Esta jerarquía de sangre mágica, sin embargo, no es algo reciente, sino que ya viene desde los tiempos en que la escuela fue fundada. El profesor de Historia de la Magia detalla los años en los que Hogwarts fue fundada por los cuatro magos más sobresalientes y poderosos hasta la fecha: Godric Gryffindor, Erga Hufflepuff, Rowena Revenclaw y Salazar Slytherin. Los cuatros convivieron en perfecta armonía durante lustros, transmitiendo a sus alumnos todos los conocimientos sobre las artes mágicas. Sin embargo, Salazar Slytherin pronto comenzó a disentir algunos aspectos de la escuela. Slytherin quería ser mucho más selectivo con los estudiantes que se admitían en Hogwarts, que la enseñanza de la magia se reservase únicamente para las familias de magos, es decir, los sangre limpia. Sin embargo, Salazar se vio incapaz de persuadir a sus tres co-fundadores, y decidió finamente, abandonar Hogwarts para siempre. Antes de su marcha, construyó una cámara oculta en las profundidades de la escuela y la selló de tal manera que tan sólo su heredero de sangre pudiese abrirla para liberar el horror personificado: un monstruo que purgue a todos aquellos que no sean dignos de estudiar magia: sangre sucias.



Voldemort resulta ser el heredero de Salazar Slytherin y, por tanto, es el responsable de los ataques a los nacidos de muggles, cosa que tampoco es de extrañar. El hitleriano y archienemigo de Potter apoya, bajo todas las cosas, la supremacía de la comunidad mágica sobre las demás. Voldemort desea purificar la raza mágica, extirpar aquellas ramas infectadas del cáncer que corrompe al linaje puro de magia. Su mezquina obsesión por el predominio de la sangre pura le lleva al asesinato, entre los muchos que comete, de la profesora Charity Burbage, acusada de corromper y contaminar las mentes de los jóvenes magos alegando que la mezcla de sangre limpia con sangre sucia no era una abominación, sino más bien algo que debe incentivarse. Incluso comete el atroz asesinato de su propio padre, Tom Riddle, un aldeano muggle que cayó en las garras de Merope Gaunt, madre de Voldemort.


Sin embargo, en esta estigmatización racial no solo están incluidos los hijos de muggles, sino también todo aquel que se vea como objeto de odio y rechazo por sus congéneres. Estos nuevos ejemplos de estigmatizaciones sociales los podemos encontrar con facilidad en las diferentes criaturas que habitan en el mundo mágico: centauros, hombres lobo, duendes (que custodian el dinero mágico en el banco Gringotts), elfos domésticos (esclavos de las familias mágicas más adineradas, o incluso semigigantes, como el mismo Hagrid que, aunque en las novelas de Rowling conviven y comparten las mismas costumbres y valores que los magos, no están consideradas en la categoría de “humanos” y son por ello rechazados y calificados como raza inferior de igual modo que los sangre sucia.



Para concluir el tema del racismo, se habría de subrayar un último punto de vital importancia que también se hace referencia en las novelas de Harry Potter: la elección de los amigos, o más bien la elección de despreciar una amistad. Harry sabe desde el comienzo que Malfoy desprecia a personas de descendencia no es como la suya, y cuando decide no hacerse amigo de Malfoy también opta por no ser parte de ese temor y desprecio hacia los que son diferentes:


—Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso. Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.

—Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad.


De entre todos los alumnos de Hogwarts, Harry elige a Ron Weasley (un traidor a la sangre) y a Hermione Granger (una sangre sucia). Esto demuestra que a Harry poco o nada le importa el linaje de sangre puesto que él no cree que eso te haga mejor o peor como persona. Harry es el primer hombro con el que Hermione Granger cuenta. Desde el comienzo, trata de acercarse a estos grupos estigmatizados. Trata de ver la belleza ajena, entenderles y luchar por un mundo en el que predomine la igualdad y la libertad. Harry se acerca a Hagrid a sabiendas que es un semigigante, mantiene una estrecha relación con el profesor Lupin, amigo íntimo de su padre, que resulta ser un hombre lobo en Harry Potter y el Prisionero de Azkabán. Y finalmente, lo mismo ocurre con el personaje de Luna Lovegood, una joven con estilo propio, que proclama sus creencias extrañas aunque no son entendidas ni aceptadas, pero no le importar lo más mínimo lo que piensen de ella. Tiene un sentido extraño de comportamiento social, pero demuestra ser una amiga leal para Harry, y a él con eso le basta.






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